Para seguir con la moda de copy-paste de los últimos tiempos (?) y para apaciguar un poco los tiempos sin actividad tenística que corren, que mejor que poner algo del personaje mas mediatico del ambiente de la raqueta de las últimas dos semanas: con ustedes, Guillermo Salatino, "uno de los 2 o 3 periodistas de tenis con prestigio del país", y algunos extractos de su libro "El septimo game", donde nos cuenta (en esta oportunidad) la historia y los pormenores de su pelea con Vilas.

Porque me peleé con Vilas.
La página negra del tenis argentino
Nuestro país debía jugar la semifinal de la Copa Davis, en Buenos Aires con Checoslovaquia. Vilas y Clerc tenían que recibir a un tal Ivan Lendl, a Tomas Smid y a Pavel Slozil. Un encuentro, a priori, mas que accesible, teniendo en cuenta que Vilas era poco menos que imbatible en la cancha central del BALTC.
Un mes antes, recibí un llamado que me sorprendió. Era el doctor Horacio Billoch Caride, presidente de la Asociación Argentina de Tenis. Vale la pena aclarar que Billoch Caride fue, desde siempre, un gran amigo de Vilas, su abogado y apoderado. Pero incluso mucho mas, puedo asegurar que Billoch Caride actuó siempre como si fuera su padre.
Yo, entonces, no había tenido con Vilas ni un si, ni un no. Mi relación era perfecta. A esa amistad había que sumarle que yo trabajaba para Fernando Marín, quien tenía en es epoca los derechos de la Copa Davis.
Tito Billoch me llamó desesperado y me djo "Tenés que darme una mano, guillermo no quiere jugar la Davis contra Checoslovaquia".
Ni bien corté con el presidente de la AAT, llamé a Nueva York (donde Vilas se preparaba para jugar el US OPEN) para conocer los motivos del conflicto. Hablé con vilas y me comentó que no estaba de acuerdo con que la plata se la llevara Marín, cuando el era el que provocaba el suceso. Yo comencé una larga perorata con el fin de convencerlo. La comunicación duró dos horas y finalmente arreglé una reunión para el día siguiente en la habitación de Ion Tiriac del hotel donde se alojaban, y donde estariamos presentes Vilas, Tiriac, Fernando Marín y yo. Esa misma noche tomamos un avión con Fernando Marín.
Al día siguiente, en la habitación 568, acordamos la participación de Vilas. La negociación terminó con un arreglo en el que Vilas se quedaría con el 50% de lo recaudado, unos 500.000 dolares. Con una salvedad, el hecho no debía tomar estado público.
En el supuesto contrato, Vilas se comprometía a participar del abierto de la república que se jugaría en noviembre de ese mismo año.
Cuando Marín y Tiriac se pusieron de acuerdo en los término, Marín solicitó llamar a su secretaria para conformar el correspondiente contrato. En ese mismo instante, Vilas dijo "yo tengo palabra, no necesito ninún contrato". Marín asintió, pero ni lerdo ni perezoso me sugirió; "hacele una nota para Video Show donde diga que va a jugar la Davis y el República". Yo, ingenuo, acepté, estaba en el medio de Marín y Vilas.
Dicho y hecho. Fuimos a la calle 59 y ante una lindisima vista del Cental Park, quedó refrendado el contrato que Vilas no cumplió, diciendo que nunca se había comprometido a jugar el República, que eran mentiras de Marín y mias. Lo que Vilas no recordó fue que su testimonio había sido grabado.
Pero esto, en definitiva, fue lo de menos. Lo duro y negro para el tenis argentino fueron los tironeos en los que Vilas denostó a su amigo, abogado y padre postizo. Pidió su renuncia al frente de la AAT utiliznado la demagogia, hablando de las corbatas que no le permitían la asistencia "al pueblo" a ver tenis y de lo caras que se cobraban las entradas para llenarse los bolsillos con su nombre. Hay que tener en cuenta que Vilas, para el público, donaba sus beneficios, cuando, en realidad, no era así.
Ante semejante infidelidad de Vilas, los amigos de Billoch Caride presentaron una solicitada en todos los diarios en desagravio, firmada por lo más representativo del tenis.
Esta solicitada no fue firmada por Enrique Morea que presentó una individual en el diario La Nación, porque no estaba de acuerdo con la fecha de publicación.
Yo, personalmente, estuve hasta horas antes de que se publicara la solicitada haciendo denodados esfuerzos para evitar que saliera en los diarios. Yo coincidía con Morea. Sospechaba que, ante un resultado adverso, esa solicitada iba a ser utilizada como excusa, tal como en definitiva ocurrió, produciendose el famoso efecto bumerán.
Vilas expuso ante la opinión pública a los dirigentes de tenis, y finalmente, haciendo uso del poder que le daba su mítica figura, hizo echar a Tito Billoch de la presidencia de la AAT y colocó en su lugar al escribano Juan José Vasquez.
La idea de Vilas era quedarse con el negocio, cosa que hizo y que no pudo aprovechar, ya que las circunstancias económicas y financieras del país no dieron para gnar plata. Finalmente, como dejó de ser negocio, se instaló en París.
Fue una verdadera pena, porque Guillermo, que hizo grande al tenis, en esta oportunidad lo partió en mil pedazos. Nunca podré olvidarme de estos hechos por varios motivos, pero sobre todo, porque tuve que soportar que en la conferencia después de la derrota, Vilas echara a Oacar Furlong, gloria no solo del tenis, sino del deporte argentino, provocandole una gran humillación que no se merecía. Era 21 de septiembre y yo cumplía 35 años. Lo recuerdo como mi cumpleños más triste.
Luego fui al diario La Prensa y escribí en mi crónica que Vilas perdía por primera vez con Lendl, pero que no sería la única. Que estabamos frente a un gran campeón y que Vilas utilizaba la solicitada para justificar la derrota. Algo parecido dije en canal 9, donde trabjajaba.
Esto provocó que el mismisimo Vilas hablara con Mario Posse Romero, jefe de deportes del diario, para que me echara. De no hacerlo, jamás le daría una nota.
Intentó lo mismo en canal 9, en ambos casos sin éxito.
Sin embargo, años mas tarde pagué cara mi verdad, pues estuve un largo período sin hacer televisión y, en más de una oportunidad, y contando él con los derechos de los torneos, exigió que yo no estuviera en la transmisión y que, en cambio, sí lo hiciera sus "amigotes" de turno, que sin ponerse colorados, seguían al pie de la letra los libretos maquiavélicos que a él siempre le gustaba escribir.
Un mes antes, recibí un llamado que me sorprendió. Era el doctor Horacio Billoch Caride, presidente de la Asociación Argentina de Tenis. Vale la pena aclarar que Billoch Caride fue, desde siempre, un gran amigo de Vilas, su abogado y apoderado. Pero incluso mucho mas, puedo asegurar que Billoch Caride actuó siempre como si fuera su padre.
Yo, entonces, no había tenido con Vilas ni un si, ni un no. Mi relación era perfecta. A esa amistad había que sumarle que yo trabajaba para Fernando Marín, quien tenía en es epoca los derechos de la Copa Davis.
Tito Billoch me llamó desesperado y me djo "Tenés que darme una mano, guillermo no quiere jugar la Davis contra Checoslovaquia".
Ni bien corté con el presidente de la AAT, llamé a Nueva York (donde Vilas se preparaba para jugar el US OPEN) para conocer los motivos del conflicto. Hablé con vilas y me comentó que no estaba de acuerdo con que la plata se la llevara Marín, cuando el era el que provocaba el suceso. Yo comencé una larga perorata con el fin de convencerlo. La comunicación duró dos horas y finalmente arreglé una reunión para el día siguiente en la habitación de Ion Tiriac del hotel donde se alojaban, y donde estariamos presentes Vilas, Tiriac, Fernando Marín y yo. Esa misma noche tomamos un avión con Fernando Marín.
Al día siguiente, en la habitación 568, acordamos la participación de Vilas. La negociación terminó con un arreglo en el que Vilas se quedaría con el 50% de lo recaudado, unos 500.000 dolares. Con una salvedad, el hecho no debía tomar estado público.
En el supuesto contrato, Vilas se comprometía a participar del abierto de la república que se jugaría en noviembre de ese mismo año.
Cuando Marín y Tiriac se pusieron de acuerdo en los término, Marín solicitó llamar a su secretaria para conformar el correspondiente contrato. En ese mismo instante, Vilas dijo "yo tengo palabra, no necesito ninún contrato". Marín asintió, pero ni lerdo ni perezoso me sugirió; "hacele una nota para Video Show donde diga que va a jugar la Davis y el República". Yo, ingenuo, acepté, estaba en el medio de Marín y Vilas.
Dicho y hecho. Fuimos a la calle 59 y ante una lindisima vista del Cental Park, quedó refrendado el contrato que Vilas no cumplió, diciendo que nunca se había comprometido a jugar el República, que eran mentiras de Marín y mias. Lo que Vilas no recordó fue que su testimonio había sido grabado.
Pero esto, en definitiva, fue lo de menos. Lo duro y negro para el tenis argentino fueron los tironeos en los que Vilas denostó a su amigo, abogado y padre postizo. Pidió su renuncia al frente de la AAT utiliznado la demagogia, hablando de las corbatas que no le permitían la asistencia "al pueblo" a ver tenis y de lo caras que se cobraban las entradas para llenarse los bolsillos con su nombre. Hay que tener en cuenta que Vilas, para el público, donaba sus beneficios, cuando, en realidad, no era así.
Ante semejante infidelidad de Vilas, los amigos de Billoch Caride presentaron una solicitada en todos los diarios en desagravio, firmada por lo más representativo del tenis.
Esta solicitada no fue firmada por Enrique Morea que presentó una individual en el diario La Nación, porque no estaba de acuerdo con la fecha de publicación.
Yo, personalmente, estuve hasta horas antes de que se publicara la solicitada haciendo denodados esfuerzos para evitar que saliera en los diarios. Yo coincidía con Morea. Sospechaba que, ante un resultado adverso, esa solicitada iba a ser utilizada como excusa, tal como en definitiva ocurrió, produciendose el famoso efecto bumerán.
Vilas expuso ante la opinión pública a los dirigentes de tenis, y finalmente, haciendo uso del poder que le daba su mítica figura, hizo echar a Tito Billoch de la presidencia de la AAT y colocó en su lugar al escribano Juan José Vasquez.
La idea de Vilas era quedarse con el negocio, cosa que hizo y que no pudo aprovechar, ya que las circunstancias económicas y financieras del país no dieron para gnar plata. Finalmente, como dejó de ser negocio, se instaló en París.
Fue una verdadera pena, porque Guillermo, que hizo grande al tenis, en esta oportunidad lo partió en mil pedazos. Nunca podré olvidarme de estos hechos por varios motivos, pero sobre todo, porque tuve que soportar que en la conferencia después de la derrota, Vilas echara a Oacar Furlong, gloria no solo del tenis, sino del deporte argentino, provocandole una gran humillación que no se merecía. Era 21 de septiembre y yo cumplía 35 años. Lo recuerdo como mi cumpleños más triste.
Luego fui al diario La Prensa y escribí en mi crónica que Vilas perdía por primera vez con Lendl, pero que no sería la única. Que estabamos frente a un gran campeón y que Vilas utilizaba la solicitada para justificar la derrota. Algo parecido dije en canal 9, donde trabjajaba.
Esto provocó que el mismisimo Vilas hablara con Mario Posse Romero, jefe de deportes del diario, para que me echara. De no hacerlo, jamás le daría una nota.
Intentó lo mismo en canal 9, en ambos casos sin éxito.
Sin embargo, años mas tarde pagué cara mi verdad, pues estuve un largo período sin hacer televisión y, en más de una oportunidad, y contando él con los derechos de los torneos, exigió que yo no estuviera en la transmisión y que, en cambio, sí lo hiciera sus "amigotes" de turno, que sin ponerse colorados, seguían al pie de la letra los libretos maquiavélicos que a él siempre le gustaba escribir.